Publicado: 23 de Julio de 2016

"Donde comienza el contacto físico, comienzan el amor y la humanidad". -Ashley Montagu-

El tacto es tan fundamental para la vida que los niños recién nacidos privados del contacto físico con otras personas pueden llegar a morir aunque se satisfagan todas sus demás necesidades básicas. Y, al revés, los lactantes que son acariciados con regularidad desarrollan mayor inmunidad frente a las infecciones y enfermedades. A pesar de esta evidencia, cuando ya somos demasiados grandes para sentarnos en la rodillas de nuestros padres y llegamos a la madurez, en nuestra sociedad tenemos pocas oportunidades de ser acariciados. Aunque consideraríamos un castigo cruel y extraño privar a una persona vidente del estímulo visual o a una persona oyente del sonido y la música, muchos de nosotros pasamos días y semanas enteras sin un abrazo consolador o una caricia suave de otro ser humano. Salvo por los pocos minutos que estamos en el baño o la ducha, la mayoría ni siquiera dedicamos un tiempo para consentir y tocar nuestra piel, aunque  es el único órgano del cuerpo totalmente expuesto a la vista y siempre al alcance de los dedos.

El contacto físico nutre la vida tanto como los alimentos. Sin embargo, pese a la riqueza material del mundo occidental, parecemos una sociedad hambrienta de experiencias táctiles. Esto no suele suceder en la India donde, conforme  a las enseñanzas del Ayurveda, muchas familias tradicionales practican con regularidad el masaje en sus hogares. Los lactantes, por ejemplo, reciben un masaje al nacer y todos los días de allí en adelante durante los tres primeros años de vida, mientras que las parturientas, reciben un masaje especial durante los cuarenta días siguientes del parto. Los niños continúan recibiendo masajes con cierta frecuencia hasta la adolescencia.

Es verdaderamente desafortunado que los niños mayores y los adultos no reciban caricias y abrazos en las sociedades occidentales, porque mucho en la vida depende de las funciones de la piel. Siendo el órgano del tacto y la sensación, la piel es el punto de contacto y defensa entre nosotros y la humanidad, y entre nosotros y el medio ambiente. Sus nervios, vasos y glándulas llevan información vital y nutrientes a todos los demás órganos y nos ayudan a regular las funciones críticas del cuerpo, entre ellas el control del  agua y la temperatura, la absorción, la secreción y la excreción. Las investigaciones recientes, demuestran que también desempeña un papel importante dentro de la respuesta inmune del cuerpo.

En un corte de piel del tamaño de una moneda hay tres millones de células, cien o más glándulas sudoríparas y un kilómetro de vasos sanguíneos. Con más de seiscientos cuarenta mil receptores sensoriales de todo tipo, la piel está en comunicación constante con el cerebro, incluso durante el sueño. Por supuesto, la piel también es fuente de sensualidad y placer erótico, especialmente en las zonas especializadas como los labios, los pezones y los genitales, donde hay mayor abundancia de terminaciones nerviosas. "No hay otra relación en la cual participe la piel tan totalmente como en la del acto sexual", anota -Montagu-

La piel es nuestro segundo cerebro: distingue, piensa, sabe, comunica, siente, produce y recibe amor. ¿Acaso podemos maravillarnos entonces de que el estímulo del más grande órgano sensorial tenga efectos de gran alcance sobre nuestra salud y bienestar?

-Pratima Raichur-