El estrés es la causa principal de los problemas de la piel, el envejecimiento y la enfermedad. Pero ¿en qué consiste el estrés?. El estrés no es inherente a ninguno de los acontecimientos de la vida; los acontecimientos se convierten en fuente de estrés cuando les asignamos un determinado significado según nuestro condicionamiento y conocimiento. A un habitante de la ciudad un encuentro con una serpiente puede provocarle un susto mortal, mientras que para un encantador de serpientes es parte de su trabajo diario. La respuesta del estrés es solamente eso: una reacción fisiológica específica desencadenada por un pensamiento. El factor desencadenante no es la circunstancia objetiva sino la interpretación subjetiva. si podemos cambiar nuestra ida acerca de una circunstancia, modificamos la respuesta del cuerpo.

Los científicos calculan que por la mente de una persona corriente pasan cerca de sesenta mil pensamientos todos los días. De ellos, el 90% corresponde a pensamientos del día anterior. Cuando "cambiamos la idea", es decir, cuando nos liberamos de los viejos patrones de pensamiento o trascendemos más allá de la mente a través de la meditación, generamos dos efectos que nos liberan de las enfermedades. Primero, hay un cortocircuito en las respuestas condicionadas y los factores que toda la vida nos produjeron estrés ya no nos llevan a reaccionar de la misma forma. Segundo, la neuroquímica se modifica espontáneamente. El ciudadano temeroso y el intrépido encantador de serpientes envían mensajes químicos completamente diferentes a sus células debido a sus distintos puntos de vista. uno de los mensajes puede crear venenos dentro del cuerpo, mientas que el otro provoca dicha.

La materia de la que se compone el cuerpo humano se recicla a través del Universo constantemente. El polvo del que estamos hechos no es el mismo que dejamos al morir, sino que a través de la reacciones bioquímicas se intercambia constantemente durante el transcurso de nuestra vida con otros tipos de polvo cósmico; las partículas invisibles que se desplazan a toda velocidad por el aire. Al mismo tiempo, el 98% de nuestras células muere y es renovado cada año; el tejido cutáneo se regenera cada mes. Esto significa que, en el plano material, todos nos renovamos totalmente cada año (aunque las partículas de repuesto son tan viejas como el Universo mismo). La razón por la cual continuamos viéndonos iguales es porque continuamos pensando igual. Mientras no cambiemos la memoria de la células -la inteligencia que dirige el crecimiento -no podremos modificar su manifestación.

Esta noción concuerda con la enseñanza védica de que nos convertimos en lo que pensamos. La lección de la ciencia de la unidad mente-cuerpo, tanto la antigua como la moderna, es que la mente y las emociones -es decir, la percepción y el significado -son tan importantes para la salud como el agua y una alimentación apropiada. Cuando comprendemos esta verdad no podemos hacer otra cosa que formularnos las preguntas existenciales de fondo: ¿Qué es lo que pienso y siento? ¿Por qué ciertos sucesos me sacan de mis casillas? ¿Cómo podría reducir el estrés en mi vida? ¿Qué me haría feliz? ¿Cuál es mi propósito? ¿Quién soy? Como veremos, las respuestas a estas preguntas son la clave para liberarnos de los efectos del estrés.

La respuesta de estrés es la reacción programada del cuerpo frente al temor. En tiempos de la prehistoria, cuando los garrotes y la astucia eran nuestras únicas arma, el mundo natural representaba una amenaza real y constante para la vida humana. Se necesitaba una gran fuerza física para sobrevivir al ataque de un hombre o de una bestia, ya fuera para vencer al atacante o correr para ponerse a salvo. El temor era la señal del cerebro para producir la corriente de adrenalina e intensificar otras respuestas psicofisiológicas que les permitieran a nuestros ancestros sobrevivir. Nuestro problema en esta época, es que este mecanismo primitivo es como un bombero bien entrenado: responde con igual eficacia a todas las alarmas, aunque algunas sean falsas. en la actualidad son pocas las personas que se ven en la necesidad de defenderse de un ataque físico real y, no obstante, muchos de nosotros vivimos en un estado de reacción perpetua debido al ritmo y las presiones de la vida contemporánea. Como la unidad mente-cuerpo no puede diferenciar entre los temores reales y los imaginarios (si pudiera no despertaríamos de una pesadilla con el corazón palpitando a toda velocidad) debemos encontrar la forma de adaptarnos a esta sobrecarga de exigencia a fin de evitar sus efectos nocivos para la piel y el cuerpo.

"Una percepción", dice Ashley Montagu en Growing Young "es una sensación dotada de significado". Todos nacemos con la capacidad para reconocer dos sensaciones básicas: el placer y dolor. Al primero reaccionamos instintivamente con satisfacción, y al segundo con aversión, es decir, con equilibrio o con estrés. Con el paso de los años aprendemos a referirnos de muchas maneras a esos sentimientos contrarios: tranquilidad y angustia; satisfacción y frustración; felicidad e infelicidad. Pero todos aquellos son sencillamente variaciones sutiles de las emociones primordiales del ser humano: el amor y el temor. Cada uno de nosotros tiende a convertir el dolor y el temor en respuestas emocionales especificas dependiendo de nuestras constitución innata, En efecto, todos los rasgos mentales negativos -depresión, ira, deshonestidad, duda, envidia, deseo de dominar, etc,- emanan del temor o de la falta de experiencia de la totalidad, lo cual es en esencia lo mismo.

"Uno de los mayores descubrimientos de mi generación fue que los seres humanos pueden cambiar su vida cambiando sus actitudes mentales"  -William James-

Publicado: 27 de Junio de 2016